Jueves 23 de Noviembre, 2017

La ética en la enseñanza virtual

17 de julio, 2017

Carlos Araya Guillén

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Estamos en los tiempos de la enseñanza virtual. La tiza, el pizarrón, la tinta, el secante, la pluma fuente (estilográfica), los bolígrafos BIC, el cuaderno de vida, los pilot y rotuladores son parte de un idílico y soñado pretérito.

El siglo XXI es digital. Las competencias más valoradas de los docentes se ubican en el uso útil de las redes didácticas, la actualización permanente de la tecnología, el conocimiento de las herramientas virtuales, eficiente manejo de la internet en la búsqueda de la información, manejo de los componentes no físicos de un sistema informático, el uso funcional y provechoso de los dispositivos móviles, tales como celulares, tablet (anglicismo) táctiles y otros.

Con las competencias anteriores, los maestros y profesores adquieren habilidades, estrategias, metodologías, evaluaciones del desempeño y una forma activa e innovadora de interacción. Sin olvidar el “plus” del valor agregado en el competitivo mercado laboral resultante de un proceso de educabilidad con altos y significativos beneficios.

Se fortalece la enseñanza, el aprendizaje, la didáctica y la riqueza del saber y el conocimiento.

Es evidente que el nuevo quehacer de la educación virtual nos está empujando hacia la necesidad de crear códigos éticos innovadores por la naturaleza y esencial de la realidad del “aula” digital.

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Los pensamientos, la cognición, la experiencia (positivismo, las emociones, la razón cartesiana, la mayeútica socrática, la dialéctica hegeliana, la lógica abstracta, el imperativo categórico kantiano y los criterios éticos de los filósofos como Max Scheller (el sabio de la fenomenología) con su conocida teoría de que los valores no cambian porque son permanentes, lo que cambia es la percepción que tenemos de ellos. Y muchos otros filósofos de América Latina (Freire), Estados Unidos (Dewey) y Europa (Ortega y Gasset). Sin ignorar a los alemanes, franceses y españoles de las primeras dos décadas del siglo XXI y al egregio costarricense Dr. Arnoldo Mora (el más brillante filósofo de nuestros días).

Trece aspectos fundamentales que debe resguardar la nueva e innovadora deontología virtual se descubren en las siguientes proposiciones de subordinación axiológica.

a) El respeto a la dignidad humana (antropología filosófica)
b) La distinción clara entre lo real y lo virtual.
c) La condición de la libertad responsable.
d) La privacidad absoluta de la comunicación
e) Condena al plagio y al robo de información.
f) La construcción de la conducta asertiva.
g) La trasparencia y honestidad del uso digital.
h) Los principios básicos de la eudemonología.
i) El reconocimiento a los valores de la metaética.
j) Rechazo al nihilismo virtual.
k) Cualidades de la normativa epistemológica.
l) Valores de la intermediación pedagógica virtual
m) Retos y desafíos de la neurociencia.

Un código ético para la enseñanza virtual no se impone. Sus actores (alumnos/docentes) lo aceptan por la validez y credibilidad moral de sus componentes y principios. Se admiten sus ideales, sus valores, sus emociones, sus metas y objetivos pedagógicos, su autonomía, identidad y pertenencia.

Por más virtual que sea la educación, por más códigos éticos que se redacten, siempre debemos pensar que “la formación moral no cambia el mundo, cambia a las personas que van a cambiar el mundo”. (Pablo Freire). Por eso, sigue siendo válido el consejo bíblico escrito hace miles de años “instruye al niño en su camino y ni aún de viejo se apartará de él” (proverbios 22:6).



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