A comienzos de los años 2000, Microsoft atravesaba uno de los momentos más complejos de su historia. La compañía, que durante décadas había dominado el mundo del software, empezó a ser vista como una empresa “antigua”, lenta y sin capacidad de innovación. Muchos analistas incluso la calificaban como un gigante acabado. Sin embargo, dos décadas después, la realidad es completamente distinta: Microsoft no solo sobrevivió, sino que volvió a posicionarse como una de las empresas tecnológicas más poderosas del planeta.
Para entender la magnitud de esta transformación, basta con observar el comportamiento de sus acciones. En 2013, el valor de una acción de Microsoft rondaba los 26 dólares. Hoy, ese valor supera los 450 dólares por acción, una señal clara de la confianza que los inversionistas han recuperado en la compañía y de su impresionante crecimiento sostenido.
Errores que marcaron una era
Las dificultades de Microsoft no fueron casualidad. Durante años, la empresa acumuló una serie de decisiones equivocadas que la alejaron de las grandes revoluciones tecnológicas. Uno de los errores más significativos fue no haber aprovechado el auge del mercado móvil. Tras el lanzamiento del iPhone en 2007, el entonces CEO Steve Ballmer subestimó el impacto del App Store y de las pantallas táctiles, lo que dejó a Microsoft rezagada frente a Apple y Google.
A esto se sumaron otros problemas importantes. Internet Explorer, que en su momento fue el navegador líder, se volvió lento y vulnerable, provocando una migración masiva de usuarios hacia Google Chrome y Mozilla Firefox. En el ámbito de los sistemas operativos, Windows Vista, sucesor del exitoso Windows XP, decepcionó tanto a usuarios como a empresas. Además, los problemas antimonopolio y regulatorios afectaron seriamente la imagen corporativa de la empresa.
El período más oscuro llegó entre 2012 y 2013. Windows 8 no logró conectar con el público, la compra de Nokia resultó excesivamente costosa y el fracaso de la tableta Surface RT provocó pérdidas cercanas a los 900 millones de dólares. Ese fue el punto de quiebre que llevó a la salida de Steve Ballmer como CEO en 2013.
El cambio que lo transformó todo
La verdadera recuperación comenzó en 2014 con la llegada de Satya Nadella como nuevo director ejecutivo. Su enfoque marcó un giro radical en la estrategia de la compañía. Nadella apostó decididamente por la computación en la nube, convirtiendo a Azure en el principal motor de crecimiento de Microsoft.
Además, rompió con la filosofía de confrontación que había caracterizado a la empresa durante años. En lugar de evitar a sus competidores, Microsoft empezó a colaborar con ellos. Office llegó oficialmente a dispositivos iPhone y Android, y la compañía adoptó Linux, una tecnología que anteriormente había sido duramente criticada por la antigua administración.
Adquisiciones estratégicas y liderazgo en IA
Otro pilar clave del resurgimiento de Microsoft fue su estrategia de adquisiciones. La compra de LinkedIn, GitHub y Minecraft no solo amplió su alcance, sino que le otorgó una profundidad de mercado sin precedentes. Estas decisiones fortalecieron su presencia tanto en el ámbito corporativo como en el ecosistema de desarrolladores y consumidores.
En los últimos años, las inversiones masivas en OpenAI han colocado a Microsoft a la vanguardia de la revolución de la inteligencia artificial. La integración de herramientas de IA en productos como Microsoft 365, Azure y Windows refuerza su posición como una de las empresas más innovadoras del sector tecnológico actual.
Un gigante global renovado
Hoy, Microsoft tiene un valor de mercado aproximado de 3.05 billones de dólares y opera en más de 200 países. Emplea a miles de personas en todo el mundo, incluyendo más de 20,000 empleados solo en India. Además, el 95% de las empresas Fortune 500 utilizan sus servicios en la nube, lo que demuestra su enorme influencia en el ámbito empresarial.
La historia de Microsoft comenzó el 4 de abril de 1975, cuando Bill Gates y Paul Allen fundaron la compañía con la visión de poner una computadora en cada hogar y oficina. El nombre “Microsoft” surge de la combinación de “microcomputer” y “software”, reflejando desde el inicio su ambición tecnológica.
Una lección de adaptación y visión
El recorrido de Microsoft es un claro ejemplo de cómo la adaptabilidad, el liderazgo y la innovación pueden cambiar el destino de una organización. De estar al borde de la irrelevancia, la empresa pasó a liderar áreas clave como la nube y la inteligencia artificial. Su historia demuestra que, incluso en la industria tecnológica —una de las más dinámicas y competitivas—, es posible reinventarse y volver a la cima con decisiones estratégicas acertadas y una visión clara del futuro.
