Durante la última década, el avance de la inteligencia artificial ha estado estrechamente ligado a gigantescos centros de datos, infraestructuras en la nube y enormes inversiones energéticas. Sin embargo, Aravind Srinivas, CEO de Perplexity, plantea una visión radicalmente distinta para el futuro del sector: la próxima gran revolución de la IA no vendrá de data centers más grandes, sino de inteligencia poderosa funcionando directamente en los dispositivos de los usuarios.
En una reciente conversación en un podcast con el youtuber Prakhar Gupta, Srinivas sostuvo que el verdadero punto de inflexión ocurrirá cuando los modelos de IA sean lo suficientemente eficientes como para ejecutarse de manera local en chips integrados en smartphones, laptops, relojes inteligentes o incluso dispositivos portables. Este cambio, según el ejecutivo, transformaría de raíz la forma en que la inteligencia artificial se desarrolla, se distribuye y se monetiza.
La mayor amenaza para los centros de datos
Srinivas fue directo al señalar lo que considera uno de los mayores riesgos para el actual ecosistema de IA basado en la nube. “La mayor amenaza para un centro de datos es que la inteligencia pueda empaquetarse localmente en un chip que funcione en el dispositivo, eliminando la necesidad de ejecutar inferencias en una infraestructura centralizada”, afirmó.
Hoy, la mayoría de las aplicaciones de IA dependen de servidores remotos para procesar solicitudes en tiempo real. Este modelo exige conectividad constante, consume grandes cantidades de energía y requiere inversiones de miles de millones de dólares. Si esa carga se trasladara al dispositivo del usuario, el argumento económico que sostiene a los grandes centros de datos podría debilitarse de forma significativa.
Además, una IA descentralizada reduciría la dependencia de unas pocas compañías que concentran el poder computacional a nivel global, favoreciendo una distribución más equitativa de la inteligencia artificial.
Eficiencia energética: la gran deuda de la IA moderna
Uno de los puntos más interesantes del análisis de Srinivas es la comparación entre la inteligencia artificial y la inteligencia humana. Según el CEO de Perplexity, los sistemas actuales de IA son extremadamente ineficientes desde el punto de vista energético si se comparan con el cerebro humano.
Mientras que el cerebro funciona con un consumo mínimo de energía, los data centers que alimentan a los modelos más avanzados requieren enormes cantidades de electricidad para lograr tareas que, en muchos casos, siguen siendo limitadas en creatividad y comprensión real.
Srinivas también destacó una diferencia fundamental: la inteligencia humana se impulsa por la curiosidad, la capacidad de cuestionar supuestos y reinterpretar ideas conocidas desde nuevas perspectivas. La IA, en cambio, se basa principalmente en la optimización y el reconocimiento de patrones, careciendo de una motivación intrínseca para explorar o innovar por sí misma.
De chatbots a agentes autónomos
Más allá del hardware, Srinivas habló sobre la evolución del software de IA. El futuro, según su visión, no estará dominado por simples chatbots, sino por agentes autónomos capaces de realizar tareas complejas en nombre de los usuarios, tomar decisiones contextualizadas y adaptarse a necesidades altamente personalizadas.
Este avance podría tener un efecto profundamente democratizador. Así como los smartphones redujeron la brecha entre individuos e instituciones, la IA que funcione directamente en los dispositivos podría ofrecer herramientas avanzadas sin los elevados costos asociados a los servicios en la nube.
En este contexto, Srinivas subrayó que la edad no es una barrera para adoptar la inteligencia artificial. Lo determinante es la curiosidad y la disposición a experimentar con nuevas tecnologías, una idea que refuerza el papel de la IA como una herramienta accesible y no exclusiva de expertos.
Un cambio de poder en la industria tecnológica
Si esta visión se concreta, el impacto en la industria de la inteligencia artificial sería profundo. Los fabricantes de chips, los desarrolladores de software y las empresas de dispositivos podrían ganar protagonismo, mientras que los proveedores de servicios en la nube y los operadores de centros de datos a gran escala verían reducida su influencia de forma gradual.
Por ahora, los modelos más grandes siguen dependiendo en gran medida de infraestructuras centralizadas. Sin embargo, a medida que mejora la eficiencia de los algoritmos y avanza el diseño de chips especializados para IA, la balanza podría inclinarse hacia un modelo híbrido o incluso predominantemente local.
El inicio de la próxima etapa de la IA
Para Aravind Srinivas, este cambio no es una cuestión de “si”, sino de “cuándo”. La transición hacia una inteligencia artificial más descentralizada, eficiente y accesible podría marcar la siguiente gran etapa en la evolución tecnológica.
Si la inteligencia logra salir de los data centers y llegar directamente a nuestros dispositivos, no solo cambiará la arquitectura técnica de la IA, sino también su impacto social, económico y cultural. La próxima revolución, sugiere Srinivas, podría estar literalmente en la palma de nuestras manos.
